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Hacia una cultura institucional basada en la rendición de cuentas y en los resultados

El BID hace un seguimiento periódico de su desempeño con el fin de mejorar su accionar y el modo de llevarlo a cabo. Para ello se asegura de contar con sistemas y procesos que hagan posible medir las dimensiones claves de su desempeño.

El Banco se cerciora de que los diseños de los proyectos incluyan resultados claros y medibles; aplica rigurosas normas de salvaguardias ambientales y sociales en el diseño y la ejecución de los proyectos que financia; procura elevar la eficiencia de costos y procesos, así como la satisfacción de los clientes, y reconoce la importancia de promover la igualdad de género entre el personal y de tener una firme presencia en el terreno.

Estos esfuerzos reflejan los valores fundamentales del BID como institución dedicada a mejorar vidas en la Región, y están enraizadas en sus compromisos adquiridos en su condición de banco multilateral de desarrollo con mandatos específicos en materia de transparencia y rendición de cuentas (véase el Recuadro 4.1).

Los indicadores del cuarto nivel del CRF 2012–2015 ofrecen elementos sobre el desempeño del Banco en tres dimensiones importantes: efectividad, eficiencia y gestión de recursos humanos. Los indicadores de efectividad muestran hasta qué punto el Banco cumple sus estándares de evaluabilidad y desempeño en las estrategias de país, los préstamos y las operaciones de cooperación técnica, así como el grado de satisfacción de los socios con su labor. Los indicadores de eficiencia muestran su desempeño en el uso de sus recursos presupuestarios y en términos de la agilidad de sus principales procesos operativos, entre ellos aprobaciones y desembolsos de préstamos. Los indicadores de recursos humanos arrojan luz sobre los avances del Banco en relación con su objetivo de transformarse en una institución más descentralizada y equitativa en términos de género, conforme a lo dispuesto en el Noveno Aumento de Capital. A partir del desempeño del BID entre 2012 y 2015 medido en función de estos indicadores, es posible extraer tres grandes conclusiones.

En primer lugar, el Banco y sus socios han utilizado parámetros más exigentes para asegurar la evaluabilidad y efectividad de las estrategias de país, de los préstamos y de los productos de cooperación técnica. Ello refleja su compromiso de demostrar en forma rigurosa los resultados de desarrollo en todas las intervenciones clave respaldadas por la institución. Más aún, la retroalimentación continua proveniente de un variado espectro de contrapartes en los países (gobiernos, funcionarios, sociedad civil y sector privado) demuestra que el BID disfruta de altos niveles de satisfacción entre sus socios, al tiempo que ha permitido identificar importantes aspectos susceptibles de mejora en el futuro.

En segundo lugar, surgen desafíos cuando se trata de definir indicadores significativos que reflejen el desempeño y puedan ser utilizados para impulsarlo. Concretamente, medir la dimensión de costos de la eficiencia institucional ha demostrado ser una tarea compleja. El Banco ha reconocido que es necesario refinar este tipo de indicadores de modo que reflejen más adecuadamente los elementos de la eficiencia. En consecuencia, el BID introdujo nuevos indicadores de eficiencia en el CRF 2016–2019 para ayudar a solventar esta dificultad.

Finalmente, en el área de recursos humanos, la definición de metas ambiciosas y claras contribuyó a aportar mayor diversidad al equipo gerencial del Banco y a tener una presencia más firme en el terreno. Para el próximo cuatrienio, en el CRF 2016–2019 se ha establecido una meta aún más ambiciosa: lograr que el 43% de personal de los niveles medio y alto esté integrado por mujeres.