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Historia 2.3

Fortalecimiento y coordinación

Control de inundaciones en la cuenca del Lago Managua

Imagine cómo sería vivir cada estación de lluvias con el temor de que una inundación afecte o destruya su vivienda. Tal era la situación de parte de la población asentada en la zona sureste de la cuenca del Lago Managua, conocida como la Subcuenca III, la cual comprende la capital del país y los municipios de Ticuantepe, El Crucero, La Concepción y Nindirí. La población total de estas localidades supera los 220.000 habitantes.

En los últimos 15 años, la zona en cuestión había sufrido los efectos de la deforestación, la urbanización no planificada y la alteración de las prácticas de cultivo. Estos fenómenos produjeron diversos problemas como la erosión de los suelos, reduciendo la utilidad de los mismos para desarrollar una producción agrícola sostenible. Otro efecto grave de la erosión fue impedir la infiltración de aguas lluvias en los acuíferos, poniendo en peligro las reservas hídricas que abastecen de este recurso básico a gran parte de la población de Managua. En lugar de infiltrarse, el agua de lluvia corría hacia la parte baja de la cuenca, arrastrando todo tipo de residuos sólidos e incrementando el riesgo de inundaciones.

Buscando remediar este problema, en 2009 el Gobierno de Nicaragua y el BID acordaron diseñar un programa para mitigar el riesgo de inundaciones y escorrentías mediante la construcción de obras destinadas a facilitar el drenaje pluvial y una mejor gestión de residuos sólidos. Con este programa, financiado con un préstamo de US$13 millones con garantía soberana, también se pretendía reducir la erosión y promover la planificación del uso de suelos con un criterio ambientalmente responsable.

Las actividades del proyecto, concluidas en 2014, produjeron entre otros resultados una reducción del número de personas en riesgo de afectaciones por inundación, una disminución del área susceptible de inundación de 177 hectáreas, y un incremento del 40% en la capacidad de recolección de residuos sólidos. Adicionalmente se adoptaron medidas para reducir la erosión, y se diseñaron planes ambientales y de ordenamiento territorial para los municipios de la zona.

Un año después de concluido el proyecto, la llegada del invierno trajo consigo nuevas precipitaciones. Las localidades donde se realizaron las nuevas obras de drenaje pluvial no sufrieron los efectos devastadores que afectaron a las zonas aledañas, lo cual puso de relieve la eficacia de la infraestructura que se financió.

Este proyecto refleja la importancia de contar con instituciones sólidas y coordinadas. Los municipios de la zona afectada crearon una asociación para afrontar conjuntamente los problemas de la subcuenca, en beneficio de sus comunidades.

Además, como parte de las actividades de fortalecimiento institucional del proyecto, se creó una unidad de gestión ambiental en cada municipio. Estas unidades contribuyeron de forma decisiva en tareas como la supervisión para detectar talas y vertederos ilegales, la discusión de multas y sanciones ambientales, y la promoción de prácticas agrícolas ambientalmente responsables. De este modo, el proyecto contribuyó a fortalecer la capacidad de las autoridades locales para gestionar más adecuadamente la subcuenca.

Historia por:
Hubert Quille, specialista líder en gestión institucional y financiera en la División de Agua y Saneamiento del BID.

Esta historia sobre resultados se basa en el informe de terminación de la operación con garantía soberana NI-L1010 que cerró en diciembre de 2014.

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